Columna de opinión: KATHERINE VIDAL – CONSEJERA DE ORIENTACIÓN

La dificultad atrae al hombre de carácter, porque es en la adversidad que el verdadero hombre se conoce a sí mismo.

Charles de Gaulle

La pandemia llegó a nuestras vidas de manera tan intempestiva, que todo lo que era normal en la rutina de cada persona, se vio fuertemente trastocado.

El año escolar 2020 comenzaba en nuestro colegio con total normalidad, hasta que, al poco andar, debimos confinarnos en nuestros hogares, intentando propiciar el desarrollo de clases en línea, e impulsar el aprendizaje en nuestros niños y jóvenes de la forma más amigable posible.

Ciertamente, estudiar desde casa puede ser más cómodo, pero requiere de una gran disciplina, estructura y foco. Los estudiantes debieron poner en práctica todas sus herramientas, en que relució la tan preciada autonomía, uno de los ejes principales de nuestro colegio.

Cada uno desde sus hogares, puso su mejor esfuerzo para cumplir con los objetivos propuestos, algo que inicialmente parecía más sencillo. Sin embargo, nada de ello fue tarea fácil, pero con satisfacción he visto como hemos crecido: niños, jóvenes y adultos, como hemos logrado adaptarnos, aprender y mantenernos cerca en la distancia.

El día pasaba: colegio, familia y ocio, todo en un mismo lugar. Entonces nos sentimos agobiados, con incertidumbre y las emociones revueltas. Lo que en un comienzo creímos sería un corto tiempo, implicó que recién hace poco pudiésemos regresar a una presencialidad relativa.

Y si para todos fue difícil, para los niños y adolescentes lo ha mucho sido más. La construcción personal en la convivencia con otros, el lograr la afirmación a través de la mirada de los pares y todo lo que se vincula al desarrollo de habilidades, se vio truncado de un momento otro y se exacerbaron emociones relacionadas a la angustia, el temor, la apatía, la desmotivación.

Entender esto y observar como nuestro colegio ha buscado e impulsado la manera de propiciar el regreso a clases de manera presencial, inicialmente de manera híbrida y ahora con más frecuencia para los estudiantes de cursos mayores, ha sido un respiro emocional, ya que el retomar actividades, ver a los profesores y pares, jugar y hablar en los recreos, es motivo de profunda alegría y el Lycée se mantiene como un espacio saludable, donde se aprenden contenidos, pero más importante aún, se refuerzan estilos de comportamiento, formas de ser y desenvolvernos con otros, entendiendo las maneras de relacionarnos, de hacernos entender y ser empáticos, capaces de construir comunidad.

El tan esperado regreso llenó de incertidumbres a todos. Para la mayoría de los adultos, el retomar las acciones que eran parte de la vida cotidiana, implicaba ponernos en marcha y avanzar. Pero podemos comprender que para los niños y adolescentes es un paso que reviste un significado distinto, porque luego de estar más de un año en un formato virtual, es complejo pensar en ir a la segunda casa que es el colegio, sobre todo teniendo en cuenta que las familias han sido muy respetuosas de las nuevas normas sanitarias, para resguardarse y cuidar a sus seres queridos por un lado, y por el otro, considerando que nuestros niños y jóvenes en todo este tiempo han cambiado y mucho, en lo físico, emocional y en su estructura del pensamiento.

Pero esto de volver al colegio es un paso importante, lleno de confianza y expectativas, donde nos acompañamos y fortalecemos en la mirada próxima y real de un otro que no es el círculo más cercano, que no es familia consanguínea, pero si en la comunidad que somos, de esa que nos llena de experiencias y nos prepara para la vida.

Katherine Vidal A.

Consejera de Orientación

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